Camino de Baztan – Etapa 3 – Urdazubi – Lekarotz

Dormí como un lirón en el Monasterio de Urdazubi y por la mañana dejé la llave donde me dijo la mujer encargada del albergue de peregrinos de Urdazubi. Por 5 euros, que es los que me costó el alojamiento he de reconocer que es un placer pasar una noche en el monasterio de Urdazubi.

Comencé mi peregrinaje, ahora ya tenía credencial y todo! El plan era llagar a Amaiur y buscar allí otro albergue en el que descansar y pasar la noche, asi que allí me dirigí subiendo Otsondo y dejando atrás Urdazubi, un pueblo al que volveré pronto porque me enamoró, aunque no sea capaz de transmitir en estas líneas su encanto.

 

Como el día anterior ya me había perdido de camino a Ainhoa, está vez iba con más cautela, hubo un tramo confuso sin indicaciones, pero afortunadamente iba por el buen camino. Coroné Otsondo, ahora tocaba descender hacia Amaiur, pero me una vez no vi el camino y no me di cuenta que iba en otra dirección (subiendo) hasta que ya había andado un par de kilómetros. Di media vuelta, y esta vez sí, cogí el camino bueno. El descenso hacia Amaiur se hace por un estrecho caminito entre helechos y todo tipo de árboles. No soy ningún entendido en árboles y no sé decir qué tipo de árboles eran los que vi, eso sí, gracias a este viaje he comenzado a interesarme y conocer los nombres de los árboles que veo, sobre todo si son abundantes.

 

Los últimos kilómetros, me dolían las piernas pero me relajaba el ver los paisajes, que me fascinaban.

 

Llegué a Amaiur y atravesé el pueblo por la calle principal hasta llegar a la iglesia donde me tumbé en el jardín y comí unos pistachos que llevaba en la mochila. Un poco más recuperado me fui al único bar de Amaiur para comer algo y preguntar donde estaba el albergue.

 

La mujer del bar, muy amable se puso en contacto por telefono con la encargada del albergue y me informó de que el albergue en esos momentos estaba completo por un grupo de niños que se encontraban de campamento de verano. Me preparó un platazo combinado enorme con patatas, chorizo, chistorra exquisita, bacon para chuparse los dedos y huevo. Terminé lleno de energía, y la mujer me sugirió que fuera al albergue de Lekarotz y eso hice.Ya estaba en pleno Valle de Baztan, para mi uno de los lugares más bellos que he visto en mi vida y caminar por caminos rodeado de naturaleza me reconfortaba. Pasé por Urrasun, Arizkun, Elbete, Elizondo y subí hasta el pueblo de Lekarotz. Lekarotz, otro pueblo precioso con un pequeño frontón al que me gustaría volver pronto para echar un partido de frontenis. La iglesia de Lekarotz es muy curiosa y allí me senté a descansar y quitarme un rato las botas. He de reconocer que en esos momentos me olían bastante mal los piés. Pregunté, a una mujer que salía de su casa si sabía dónde estaba el albergue, y me dijo que estaba más abajo que pasaría por al lado, asi que le hice caso y fuí hacia abajo por donde había venido. Llegué nuevamente al cruce donde comenzaba el ascenso a Lekarotz y no había visto el albergue, así que decidí ir hacia el próximo pueblo de la ruta del Camino de Baztan que estaba haciendo, Irurita. Llegué a Irurita, con ganas ya de encontrar un lugar donde dormir, pregunté en la tienda de chocolates y me enviaron a un bar que antes había sido pensión, de ahiíme enviaron a casa de un hombre que solía alquilar una haitación de su casa, pero casualidad esos días se encontraba su hijo alojado en esa habitación… me dijo que fuera al albergue de Lekarotz.

– ¿Pero dónde está? no lo he visto. – le dije.

Y me contestó que estaba un poco más adelante del cruce que había dejado antes. Estaba muy cansado, y comenzaba a anochecer pero fui otra vez a pie haciendo el camino de vuelta a Lekarotz con la esperanza de esta vez encontrar el albergue, y lo encontré.

 

Habiá un montón de niños de campamento, pero no hubo problema para que durmiera en una de las habitaciones. Me duché, me curé un poco los pies, porque se me había hecho una herida y dormir, había sido un día muy intenso.

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